Nació
el 20 de agosto de 1890 en Providence (Rhode Island). Un niño
enfermizo con una infancia desgraciada ya que perdió a sus padres
enfermos de locura. Fue una persona solitaria que dedicaba su tiempo
a la lectura, la astronomía y a cartearse con otros aficionados a la
literatura macabra. Su prosa está influenciada por LORD DUNSANY,
WILLIAM H. HODGSON, ARTHUR MACHEN y EDGAR ALLAN POE. Fue un gran
innovador del cuento de terror gracias a su singular tratamiento de
la narrativa y la atmósfera de sus historias, que acercó el genero
a la ciencia-ficción. Con 16 años escribía una columna de
astronomía para el Providence Tribune. De 1908 a 1923 ganaba algo de
dinero escribiendo ocasionalmente relatos para revistas de poca
tirada, como Weird Tales. Murió en Providence, el 15 de marzo de
1937 en la pobreza y el anonimato. Diez años más adelante, su obra
empezó a interesar a mucha gente. Sus relatos tratan sobre espíritus
malignos, posesiones psíquicas y mundos oníricos donde el tiempo y
el espacio se alteran irremediablemente, como en sus Mitos de
Cthulhu.
Filosofía
El sistema filosófico de
Lovecraft se orienta influenciado principalmente por dos figuras cercanas a su
tiempo: Schopenhauer y Nietzsche. Del primero toma una visión oscuramente
pesimista del mundo en donde la reclusión de la especie humana a poco más que un
acto de azar o de error se configura como eje vertebrador de su pensamiento. De
Nietzsche, en cambio, sustrae una más profunda concepción de la misma especie
en cuanto tal: si bien el hombre es un ser despreciable, al que mejor le
valdría no haber nacido, no cabe ignorar la realidad de su existencia y, en su
ínfima importancia, si el ser humano ha de ser algo, ha de aspirar a algo, es
al ideal estético, aquél que Nietzsche definiera como propio de la tragedia
griega, un ideal que será el mismo que Lovecraft aplique, en consecuencia, a su
bella Nueva Inglaterra. La figura de Spengler y su clásica obra La Decadencia
de Occidente, influyeron notablemente en las aspiraciones aristocráticas y de
diferenciación cultural que dominaron a lo largo de la breve vida de nuestro
literato. En tal caso cabe decir que, como muchos autores de su época,
Lovecraft hace uso de un consumado racismo -racismo de salón, se le ha llegado
a llamar- que, aún sin intentar excusarle del mismo, no pasa de ser un mero
vehículo de protección contra lo extraño, lo ajeno a su cultura clásica
perdida: y es que tal acto no se limitará únicamente a otras razas, sino ante
cualquier efecto enemigo del paganismo del cual hizo gala jovialmente en los
primeros años de su vida -antes de descubrir que, efectivamente, el Gran Dios
Pan había muerto. En tales
circunstancias, la crítica de Lovecraft, como la que realizara Nietzsche, se
extiende al ámbito de la modernidad, sinónimo de cristianismo, de
anti-paganismo, de una adoración desenfrenada de lo feo: lo feo en cuanto aquello
que para el aristócrata representa la antítesis de la belleza ideal -la
debilidad. Es dentro de este contexto donde pueden ser entendidas las
creaciones lovecraftianas, los dioses que, por primera vez en los últimos dos
milenios, alguien se ha atrevido a crear, como símbolos -tal es la finalidad del mito-
de aquello común al mundo actual, al suyo, pero también al nuestro: la
debilidad de la moral esclava cristiana, reflejada en una adoración a la
fealdad, fealdad en las formas y maneras, en los hábitos y miradas, en la
arquitectura, en el lenguaje. La crítica de Lovecraft no debe entenderse en
ningún momento como la crítica del filósofo o del filólogo realizada anteriormente
por Nietzsche: la suya es la visión del poeta, la tristeza de aquel que ha
visto danzar al Pan de pezuñas henchidas y ha escuchado su trágica música en
sueños, y que, conociendo lo que le aguarda, teme despertar. Muchos son los
puntos de contacto entre Lovecraft y estas dos figuras capitales de la
filosofía europea y cuya explicación constituye la clave para entender el
escrito cuya traducción aquí presentamos. Lovecraft cristalizó todas las
impresiones de sus lecturas de juventud -la Odisea, la Ilíada, la Eneida de
Virgilio o las Mil y Una Noches- en un amor a la cultura clásica antigua, una
veterofilia que tomaba como modelo el mismo que Nietzsche estipuló necesario
para el resurgir del germano, del superhombre. En esta época Lovecraft presenta
una tendencia optimista, como Nietzsche, al hablar de los dioses paganos:
"nunca han muerto -nos dice-, sino que yacen durmiendo y sueñan sueños de
Dioses en Hespéridos jardines poblados de lotos más allá del dorado crepúsculo.
Y ahora se halla cerca el tiempo de su despertar, cuando la frialdad y la
fealdad perecerán [...] El día amanece en el cual los hombres deban responder
tras haberlos negado durante siglos". La poesía como el lenguaje de los
dioses, la auténtica poesía de Homero, era entonces el único vehículo de
renovación cultural para hacer despertar a Pan de ese mágico letargo y consumar
su ideal estético de una sociedad que considerase el amor al arte -el verdadero
arte- y el avance del conocimiento por encima de todo. Sin embargo, como todo
sueño, éste exige un despertar, aquél del que Nietzsche nunca consiguió
desatarse: su amor a una Grecia que, como la Nueva Inglaterra de Lovecraft,
nunca existió,10 y que éste - a diferencia de Nietzsche- destiló a través del
pesimismo schopenhaueriano en unos tempranos años veinte.

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